De votaciones y experiencias electorales

urna

Dicen que tres cosas hay que hacer en la vida: plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. Yo añadiría también ser miembro de una mesa electoral en una jornada de elecciones (bueno, en mi caso, lo podría sustituir por lo del hijo).

En estas pasadas elecciones he tenido “la suerte” de haber sido elegida como segunda vocal de la mesa electoral de mi distrito y tengo que decir que ha sido una experiencia, cuanto menos, curiosa e interesante. Todo tiene sus pros y sus contras, y estar en una mesa electoral no es que sea una dicha pero tampoco es una tortura. El madrugón y las catorce horas que te tiras sentado escribiendo nombres en un papel (bueno, eso sí que puede ser considerado una tortura), se ven compensados por la cantidad de gente que ves pasar a lo largo del día con los que intercambias alguna que otra palabra, el dinerillo que te pagan, que no es mucho, pero mira, a mí unos eurillos de más siempre me vienen bien, y por la cantidad de anécdotas que vives ese día y que pueden llegar a ser hasta divertidas, que alguna que otra, hubo. Como la del gitano que llegó a votar y la presidenta le pidió el voto para comprobar que no iban dos pegados, y el gitano se negó y empezó a despotricar y cuando la presidenta dijo de llamar a la guardia civil para que dirimiera en el conflicto, el gitano se calló y dijo: “ah bueno, po lo que usted mande, señora presidenta“. Al final, después de la comprobación, el gitano depositó su voto en la urna y se fue tan contento.

En mi colegio electoral nos pusieron las dos mesas que había (la A y la B, yo estaba en la B,) en el mismo aula, por lo que en algunos momentos hubo un poco de gentío, pero la verdad es que la jornada trascurrió con total normalidad, sin apenas incidencias, por lo menos en mi mesa, porque en la otra sí que hubo alguna que otra que se solucionó con bastante rapidez y diligencia y afortunadamente, no hubo que pasar a mayores.

La gente fue viniendo durante todo el día de forma constante pero sin agobios ni algarabías, y más allá de algún que otro despistado que se equivocaba de mesa, o el que no encontraba el DNI, incluso la típica que llegaba corriendo en el último minuto antes de cerrar la votación, no hubo nada reseñable.

El recuento de votos fue muy ligerito y como todo cuadró a la primera, todo el mundo estuvo de acuerdo con todo, se firmaron las actas, se cerraron los sobres y se llevaron al juzgado. Y a las diez y media de la noche estaba en casa, bastante agotada pero muy satisfecha y orgullosa de haber formado parte de algo importante.

Sinceramente, me agobié un poco cuando la Policía Local llamó a mi casa para comunicarme que había salido elegida para estar en una mesa electoral, pero una vez pasado el trance, tengo que decir que es una experiencia más que he vivido (parece que todo me toca a mí), que me ha resultado satisfactoria y que no me importaría repetir si volviera a salir elegida. Lo de tener el poder y ser una de las mandamases y autoridades del día, pues como que mola bastante.

Aunque, ya que me ha tocado una vez, espero que la próxima vez que me toque algo sea la lotería.

 

Nefer de vocal en las elecciones.

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