De excursiones fotográficas a Cabo de Gata

El sábado estuve de excursión fotográfica por Cabo de Gata con Jose María Márquez y mis compis del curso de Comphoto. Después de casi tres meses sin coger la cámara ya había ganas y necesidad de hacer algunos disparos. Nunca había estado por esa zona y tenía muchas ganas de ir y hacer fotos por allí pues siempre me han hablado maravillas de las playas almerienses. A pesar de algunos inconvenientes climatológicos, pasamos un estupendo día.

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La primera parada la hicimos en el Mirador de las Amatistas, desde donde había unas vistas increíbles, antes de llegar a Rodalquilar, un antiguo pueblo minero, hoy en día abandonado, donde hicimos algunas fotos. De aquí no he salvado ninguna porque la verdad, supongo que iba todavía dormida por el madrugón que nos dimos, que mi ojo fotográfico no estaba muy activo, y apenas tomé algunas imágenes más bien feas. Tampoco es que el lugar me motivara demasiado. Las ruinas suelen dar mucho juego a la hora de hacer fotografías pero a mí ese día no me dijeron nada especial. Seguro que alguno de mis compañeros de viaje sacó maravillas del lugar.

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De ahí nos acercamos a la playa de El Playazo, una cala preciosa que en verano tiene que ser una auténtica gozada. Aunque hacía un frío y un aire bastante molesto, estuvimos como media hora en ese lugar haciendo fotos.

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Luego nos fuimos a comer a un restaurante en no me acuerdo dónde (yo y mi mente olvidadiza). Hasta justo el momento de los postres el tiempo nos respetó bastante, pero en cuanto dejamos el restaurante para dirigirnos a Cabo de Gata el cielo empezó a ponerse cada vez más gris. En un momento las nubes se echaron sobre nosotros y nos cayó una manta de agua que al poco se convirtió en granizo cubriendo la playa de un manto blanco en un par de minutos. El autobús era incapaz de avanzar, y parados estuvimos un buen rato esperando que escampara. Cuando parecía que paraba, decidimos probar a subir al faro, pero a mitad de camino tuvimos que darnos la vuelta pues la carretera no estaba en condiciones y no quisimos arriesgar. Una pena porque nos perdimos las mejores fotos que por lo visto se hacen desde ese enclave al atardecer.

Así que con toda nuestra pena y frustración, pusimos rumbo a casa. Y como la ley de Murphy no falla nunca, bastó que echáramos a andar en dirección Granada para que dejara de llover y se abriera un poco el cielo. El conductor, más apañao que las pesetas, nos sugirió parar en una playa donde había una torre (la de la foto, no me preguntéis cuál es que tampoco la recuerdo), y allá que nos bajamos para liberar un poco las ganas con la que nos habíamos quedado de hacer fotos en la playa al atardecer. Personalmente, no me entretuve mucho rato haciendo fotos ahí porque, perdonadme la expresión, hacía un frío del carajo y la verdad, no tenía ganas de soportar el gélido aire que se me colaba por todos lados a pesar de que iba tapada hasta los ojos.

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Todo el trayecto de vuelta lo hicimos lloviéndonos, y desde Tabernas hasta Huetor Satillán, nevándonos. Menos mal que en Almería no nieva ni llueve nunca, excepto cuando voy yo a hacer fotos, eso está claro. A pesar del frío, la lluvia y el granizo, lo pasamos estupendamente, por lo menos yo, y aunque llegué muy, pero que muy, cansada y dolorida (debido a otros molestos inconvenientes físicos que se me presentaron sin avisar) repetiría sin dudarlo. De hecho, espero que sea pronto.

 

Pd: no sé si os habréis dado cuenta de que esta vez no me he quejado de mi equipo fotográfico. No lo voy a hacer. Bueno, un poco solo. La verdad es que me quedé con las ganas de hacer una foto en la playa de esas con una velocidad lenta para sacar un efecto seda del agua sin que me saliera quemado el cielo, si hubiera tenido unos filtros que quise comprarme y que al final, por dudas y falta de dinero, no me compré, pero bueno, espero que sea para la próxima ocasión.

 

Nefer de excursión fotográfica.

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