Recuerdos veloces

De vuelta de mi viaje a Madrid con mi club de tenis el pasado 7 de mayo, con el cansancio acumulado en el cuerpo pero con una gran sonrisa pintada en mi cara, venía en el autobús admirando el paisaje distraídamente pensando en la cantidad de emociones que albergaba mi cabeza y que todavía estaban sin digerir. La vista se me iba a la velocidad que marcaba el vehículo hacia un horizonte en el que se dibujaban esos vastos campos de Castilla que ya evocara Antonio Machado en su famoso poema, sin prestarle demasiada atención, mientras mi mente iba concentrada en ordenar y archivar meticulosamente cada una de las imágenes que se quedaron grabadas en mi retina y las sensaciones de todo lo que había vivido aquel día. La música de mi ipod ponía la banda sonora a toda esa vorágine de sentimientos.

Los postes de teléfono, las señales de tráfico, pequeñas arboledas, y alguna que otra caseta salpicaba un paisaje homogéneo y monótono. Sin embargo, el autobús mantenía una velocidad constante que me facilitaba la tarea de ordenar todo en mi palacio mental. Por un momento me concedí un descanso, y saqué la cámara para inmortalizar aquel paisaje, cuando el sol ya casi agonizaba en el horizonte detrás de nosotros. Y así capturé la fugacidad con la que pasó aquel día que tanto disfruté y al que siempre podré volver en mi memoria.
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Nefer veloz.

 

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