Atrapada en 50 Sombras

Sucumbí a la tentación, y aunque he leído muy diversas críticas que me hacían estar bastante reticente, al final, empujada más por la curiosidad, y porque mi ángel de la guarda, Paqui, me puso los dientes largos, me he enganchado a las sombras del señor Grey.

Mucho se ha hablado y se está hablando del libro. Para bien y para mal. Pero no se puede negar, que más allá de la calidad literaria o de una historia que engancha, el libro no deja indiferente a nadie.

Pero por qué gusta “50 Sombras de Grey“. A mi parecer, literariamente hablando, deja mucho que desear. Es reiterativo, con escasos recursos literarios y expresivos, y cuenta una historia que al fin y al cabo no ofrece nada nuevo a los cuentos de príncipes y princesas, porque no dejar de ser una historia romántica de chica buena conoce a chico malo, se enamoran y bla bla bla.

Sin embargo, aparte de la carga sexual explícita, casi pornográfica del libro, y de resultar, como digo, repetitiva, la historia engancha desde la primera página.

Tiene un cierto tono sarcástico en las conversaciones a través de email de los dos protagonistas que me fascina. Incluso el tono autoritario del señor Grey cuando se dirige a Anastasia, en confrotación con una gran delicadeza (obviando las fustas y demás elementos sadomasoquistas) a la hora de tratarla, es bastante cautivador.

Pero es el señor Grey lo que destaca de todo el entramado. A pesar de ser un personaje atormentado por un pasado lleno de sombras, controlador y obsesivo hasta rayar lo patológico, y haciendo caso omiso al hecho de que le vaya el sadomaso en las relaciones, tiene una personalidad tremendamente arrebatadora que te atrapa y te hace querer conocer más sobre él. Una personalidad llena de oscuridad, completamente cerrada al principio, que poco a poco va encontrando el camino hacia la luz.

No lo neguemos. Todas soñamos con encontrarnos con un tipo insultantemente rico que se enamore de nosotras, nos llene el armario de ropa nueva, nos regale todo tipo de artilugios electrónicos, nos lleve a planear en un ultraligero para perseguir el amanecer como sorpresa mañanera, aparezca cuando menos lo esperamos y nos rescate de situaciones incómodas, nos cuide, nos proteja y por qué no, sea vulnerable y nos despierte ese estúpido instinto protector y maternal con el que nacemos las mujeres. Además de que no tenga reparo alguno en decirnos cosas como esta:

“Pero yo soy un hombre egoísta. Te deseé desde que apareciste en mi despacho. Eres exquisita, sincera, cálida, fuerte, lista, seductoramente inocente, la lista es infinita. Me tienes cautivado. Te deseo, e imaginar que te posee otro es como si un cuchillo hurgara en mi alma oscura”.

(Ainssss! #suspirodeamor).

Tengo que reconocer, que desde que leí ese párrafo, vivo para que alguien me diga algo así. Solo por leer esa frase, ya merece la pena el libro. Todo el romanticismo de la historia se concentra en esas intensas, románticas, pasionales, desenfrenadas y ardientes palabras.

Me dejé atrapar por el señor Grey, he sucumbido a sus sombras y no puedo dejar de leer. No quiero dejar de leer.

 

Nefer atrapada por las sombras del señor Grey.

 

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