De estancamientos y otras realidades

Tirando la vista atrás por los post de mi Recreo, me doy cuenta de que muchas de las cosas que escribí hace dos, tres y cuatro años, las volvería a escribir a día de hoy sin cambiar ni una sola coma.

De hecho, hace unas pocas semanas escribí este post con motivo del bodorrio de mi prima, muy parecido a este otro que escribí hace tres años con motivo de la boda de una amiga. Y ni siquiera me acordaba de que lo había escrito, solo cuando me puse por puro aburrimiento a releer entradas antiguas, me di cuenta de lo parecidas que eran, por no decir casi idénticas. Incluso estoy segura de que esta entrada que escribo hoy, se parece mucho a alguna otra más antigua.

Esa sensación de “esto ya lo he vivido antes” es continua. Los mismos sentimientos siguen estando presentes. ¿Qué quiere decir eso? Obvio. Que mi vida no ha evolucionado, no ha cambiado, no se ha alterado lo más mínimo en estos cuatro años. Es como si viviera en una espiral donde todo se repite una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez… Como el disco rayado que se queda enganchado incansablemente en la misma melodía.

No importa cuántas cosas haga de nuevo, cuántos nuevos retos me proponga, cuántos proyectos comience para intentar cambiar la inercia de mi vida, de alguna u otra forma, siempre vuelvo al principio.

Sigo estancada en las malditas y eternas oposiciones, a las que ya odio con toda mi alma y de las que no quiero saber nada, nunca jamás de los jamases; aprovechando que las han suspendido y me han jodido a base de bien he decidido tirar la toalla en vista de que efectivamente, y como ya escribí también hace algún tiempo, esto no es lo mío; son seis años de mi vida tirados por la borda, tremendamente desperdiciados, pero me da igual, me rindo, se acabó, sefiní, no quiero volver a saber nada del tema, ni que me las mencionen, ya doy de mano y nadie podrá convencerme de lo contrario, así que podéis ahorraros las charlas con respecto a este tema. Sigo a la espera de que aparezca alguien interesante que le de un poco de alegría a mi vida, sigo levantándome por la mañana sin ver la luz al final del tunel, sigo arrastrando estos desánimos provocados por las mismas circunstancias de siempre, sigo esperando ese “algo” que cambie mi vida y me dé nuevos impulsos.

Que lo más reseñable del día, de la semana y casi del mes sea que, cuando salgo a andar con mi amiga y ángel de la guarda, Paqui (@Pompealeoni para mis amigos tuiteros), nos crucemos con un tío subido a una moto con medio huevo fuera del pantalón, dice mucho de cómo está mi vida ahora.

No es que de pronto quiera tener una vida que vaya de sorpresa en sorpresa, ni vivir aventuras increíbles ni ver cosas inimaginables (aunque no deja de ser algo anecdótico, lo del huevo fue bastante surrealista), pero me conformo con que al menos, mis amaneceres tengan otra luz distinta.

En fin, creo que me lo merezco y no pido demasiado, no?

Nefer estancada en la misma tediosa, aburrida y apática realidad de siempre.

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