De obsesiones cinéfilas

Por tercera vez en una semana he visto The Artist, la película revelación de mi imaginario cinéfilo y que se ha convertido en la primera de mi lista de películas imprescindibles. No ha sido casualidad que la haya visto tres veces.

La primera vez fui a verla porque me atraía la película. La segunda, porque me enamoré de una mirada y una sonrisa, y la tercera, porque iba mi padre a verla, y disfrutar una película que me ha encantado con mi padre, es disfrutarla doblemente.

Llevo una semana con la mente absolutamente embaucada por cada fotograma de la película, por su banda sonora, por Jean Dujardin dando vida al atractivo y seductor George Valentin, por la imagen de su cartel… ay, esa imagen!

Tengo el defecto, o quizás la virtud, quien sabe, de entusiasmarme en exceso con las cosas que me gustan y que provocan algún tipo de efecto en mí. Lo sé, me obsesiono fácilmente, pero no tengo nada ni nadie mejor en lo que volcar mis pulsiones emocionales.

Sí, he visto The Artist tres veces en una semana. Pero por tres veces he podido vivir la historia de un personaje que me ha subyugado por completo; por tres veces he podido enamorarme y reenamorarme de la sonrisa de su protagonista; por tres veces he sentido el calor de su mirada en mí, por tres veces he querido bailar claqué. Por tres veces he deseado convertirme en la deliciosa Peppy Miller y ser a quien rodeaba con sus brazos.  Por tres veces he salido del cine con el corazón palpitando, los ojos llenos de lágrimas de emoción, con la sonrisa puesta en la cara. Por tres veces he sentido algo latir en mi ruinoso interior.

Seguiré viendo la película, y la seguiré disfrutando, seguiré emocionándome con ella, seguiré mirando sus fotografías, escuchando su banda sonora, seguiré pensando en George Valentin y su sonrisa… ay, su sonrisa! Esa sonrisa que me tiene la mente completamente perturbada y que hace que tenga un orgasmo emocional cada vez que me acuerdo de ella.

Porque esa emoción, esa euforia que me provoca y que me golpea el alma y me revuelve el corazón, me gusta, y no la cambio por nada.

 

Por cierto, quiero el cartel de la película, lo ansío, necesito tenerlo en mi cuarto y que sea mío.

 Nefer total, completa y absolutamente obsesionada con The Artist.

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