De sueños y pesadillas

 

Me despierto y mi primer impulso es tomar consciencia de mi cuerpo. Abrir mi mente y sacarlo del letargo somnoliento al que todavía está sometido. Y entonces ocurre.

Ante mis ojos desfilan imágenes oníricas y surrealistas que sin embargo me son altamente familiares. Yo he vivido eso. Como en una película. Aunque haya sido en sueños.

Corro a través de una larga calle, pero no está solitaria, una multitud de gente la invade a ambos lados de la misma, incluso flotando en el aire, por encima de mi cabeza. No sé hacia donde me dirijo, sólo sé que por mucho que lo intente y mis piernas se muevan con velocidad, apenas alcanzo a avanzar unos pocos metros con tremendo esfuerzo.

De pronto, estoy montada en un vehículo, no importa cuál, a veces es un coche, a veces una moto, incluso un autobús… lo más curioso es que soy yo quien lo conduce, despacio, muy despacio, aunque lleve prisa, pero siempre termino empotrada contra alguna farola o pared que se interpone en mi camino.

Y me disparan. Aunque no me hieren. Siempre hay alguien que me quiere matar, ya sea con una metralleta, un cuchillo o un hacha. Corro, grito, intento escapar, veo sangre, pero no es mía. Intento huir. Me persiguen hasta la extenuación. Me escondo, me deslizo a través de pasillos, subo, bajo, vuelvo, retrocedo, sigo adelante. Y grito, grito con todas mis fuerzas, grito con todo mi cuerpo, aunque no sé si alguien me escucha. Y siempre es de noche.

Intento alcanzar algo, pero siempre se me escapa, llevo algo en las manos pero siempre se me cae. Hablo con gente extraña, gente que jamás he visto en mi vida. Y siempre termino en el piso donde pasé mi infancia y adolescencia. Pero jamás están mis padres, sólo gente a la que no conozco.

Y cuando decido irme, mirando siempre hacia atrás, temerosa de que ese algo o alguien que me persigue finalmente me de alcance, despierto por la sacudida que me produce el tropiezo contra un escalón.

 

Nefer soñando pesadillas.

 

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