>De desánimos y otros agobios

>Ando un poco con los desánimos encallados en los hombros. Desde que salieron las plazas para las oposiciones este año, se me desinfló la ilusión cual globo de feria (pffffffffffffffffffffff!).

117 plazas para mi especialidad en toda Andalucía son muy pocas, demasiado pocas. Y las escasas, escasísimas posibilidades que pudiera tener de que alguna llevara mi nombre, se esfuman, se disipan, se desvanecen, se difuminan, se me escapan de las manos.

Y a estas alturas del “curso”, estoy en ese punto en que ya me va quedando menos tiempo pero todavía mucho por hacer y no me da tiempo a nada.

Estoy cansada, y por más que estudio y repaso los temas, siempre se me olvidan, y tengo que volver a empezar. Tengo la mente saturada de fechas, nombres, títulos, contenidos, objetivos, competencias, conceptos, procedimientos y actitudes y un sinfín de actividades.

Ya no sé si La Celestina es del tema 46 o está en la unidad didáctica número 7. A este paso terminaré mezclando la Generación del 27 con el Romanticismo europeo y los sintagmas nominales con los textos narrativos.

Cuando me pongo a estudiar “La novela realista de Galdós” por ejemplo, me acuerdo de que ya no me acuerdo de “El teatro de Lope de Vega”; si me pongo a repasar el tema “El ensayo como género literario”, pienso en lo mucho que tengo que ensayar todavía la defensa de la programación.

Y me agobio, me agobio mucho, porque todo este esfuerzo puede que no tenga su recompensa y entonces, ¿de qué me habrá servido tanto trabajo? Tanto tiempo invertido en cuadrar una programación, en inventar cientos de actividades, en elaborar 72 temas y 15 unidades didácticas… al final, para nada, para que las plazas se las lleven otros a los que posiblemente ni les guste la enseñanza.

¡Qué injusta es la vida

Nefer desanimosa y agobiadera.

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