>Sí, quiero

>Vale, lo reconozco. Por primera vez, y sin que sirva de precedente, me trago mi orgullo y doy mi brazo a torcer, por mucho que me cueste y a pesar de que sé que tendré que escuchar el siempre tan odioso “sabía que caerías”.

Yo, que me he pasado la vida renegando, ahora es algo que anhelo; no me pregunten por qué he cambiado de opinión, será la edad, será la envidia… no sé; sólo sé que… yo también me quiero casar!

Después de ir viendo como una por una, todas mis amigas, vecinas, conocidas del colegio, del instituto, incluso las de la facultad (que ya van cayendo como moscas), van pasando por el altar, ésta que escribe, suscribe y a ratos va a las bodas de otras, también quiere ir blanca y radiante a la iglesia.

Pero no se confundan, que no me quiero casar porque crea ciegamente en el sagrado sacramento del matrimonio, ni porque arda en deseos de formar una familia (niños no!). No, nada de eso. Yo me quiero casar para vivir mi momentazo bodorrio, que a ver por qué no voy a poder yo disfrutar del mejor momento, se supone, de una mujer, que para algo pertenezco al gremio feminoide.

Porque sí, porque estoy harta de ir a las bodas siempre de invitada, porque por una vez yo quiero ser la protagonista y lucir un vestido espectacular, que todo el mundo esté expectante y se queden con la boca abierta cuando me vean bajarme del coche nupcial; y quiero que me revienten la cara a besos y me feliciten cuando salga de la iglesia del brazo de mi futuro y me digan una y otra vez lo guapísima, fantástica, maravillosa y divina que voy; y quiero también tener el mejor banquete en el mejor sitio con el mejor menú rodeada de mi familia y mis mejores amigos, y pasearme por las mesas dando regalitos a cambio de rimbombantes sobres de dinero, y que todo el mundo me diga lo bien que lo están pasando, lo rica que está la comida y lo guapísima que voy (sí, otra vez); y por supuesto, quiero entrar a la iglesia del brazo de mi padre que me llevará con orgullo al altar; y quiero tener un viaje de novios lejos donde me lo pasaré fantásticamente bien con mi recién estrenado, que digo yo que no debe haber cosa más guay que esa; y quiero que un fotógrafo me haga un reportaje espectacular que capte mi belleza natural y salga monísima de la muerte en todas las fotos.

Porque cada vez que veo a alguien que se casa se me ponen los dientes largos, que piso ya los 30 y se me pasa el arroz, y no quiero vestir de blanco ya siendo viejuna, que estas cosas hay que disfrutarlas siendo jóvenes.


Nefer envidiosa de ver cómo se casan las demás.

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