>Menudo porrazo

>P’aberme matao!

Si ya lo dice mi madre, que voy siempre como las locas y soy una maripupas, y un día de estos me mato.


Pues ayer casi lo consigo, a punto estuve, vamos, con el porrazo que metí bajando las escaleras; estas escaleras traicioneras que tenemos en la casa, que no es la primera vez que me pego una josconcia por ellas.

Iba yo tranquilamente bajando escalón por escalón, agarrada a la baranda (menos mal) cuando, el suelo que resbala un montón por el polvillo desprendido de la obra, fue traicionero; no sé cómo, se me fue el pie, y cuando quise darme cuenta estaba dando tumbos escaleras abajo, intentando agarrarme a algo y viendo como inevitablemente mi curcusilla daba de lleno contra el frío y duro, durísimo mármol, retumbándome hasta la tapa de los sesos… sin exagerar, eh? Y yo que soy puro hueso, que no tengo carnes que amortiguen…!

Traspuesta me quedé. Mi padre corriendo a por mí, mi madre preguntando “¿Qué pasa? ¿Qué pasa?”, mi padre “la niña que sa caío por las escaleras… ay mi niña!”, yo lloriqueando “ay, qué dolor! ay, qué me duele mucho!, ay, que no puedo andar!” y mi hermana descojonándose “esta niña es tonta, cuidao el porrazo que ha pegao!, siempre le pasa igual, si es que no sabe andar!”.

Resultado del golpetazo: el culo como un ecce homo, las piernas doloridas, un huevo en el antebrazo y la curcusilla hecha papilla, y antiinflamatorio y paracetamol para mi menda; a duras penas puedo asentar mis magulladas posaderas en el sillón… lo bueno, mucho reposo y mi mami todo el día pendiente de mí.


Ay, cómo me duele y qué poquito me quejo!




Nefer con el culo entumecido y dolorido

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