>Cuando estoy de bajón…

>Voy a confesaros un secreto, algo íntimo y personal que no sabe mucha gente (no sé que pensaréis de mí después de leer esta entrada, espero que me sigáis queriendo a pesar de mi frikismo).

Cuando tenía 9 años, los Reyes me trajeron mi primer disco de MJ, “Bad”, en cassette, pues todavía no existían los cd’s y los vinilo ya estaban en declive. Recuerdo que me levanté por la manaña temprano, nerviosa, deseosa de ver que me habían traído los reyes cuando vi el casette en la mesa, junto con otros regalos; lo abrí el primero y al ver la portada del disco, me volví y le dije a mi padre sumamente emocionada: “mira papá, los reyes me han traído el disco que quería!”. El asentía sonriendo. Ni siquiera recuerdo cómo o dónde lo vi para pedírselo a los Reyes, pero ellos debían saber que me gustaba y allí estaba, esperándome.

Este disco es mi disco, mi favorito; por supuesto, han habido otros después, muchas más canciones que me encantan, pero este siempre será especial, por ser el primero, por el que me hice fan, con el que sellé un pacto de fidelidad eterna y porque siempre ha estado conmigo.

Desde ese momento, recuerdo que todos los días, después de comer, me encerraba en el cuarto de mis padres, que era el que estaba más alejado del salón, y con la cinta del “Bad” sonando a toda pastilla en el cassette, me pasaba las horas bailando delante del espejo imaginándome que era una integrante del cuerpo de baile de MJ, que estábamos de gira y cuando terminábamos el concierto (o sea, cuando acababa la cinta) MJ venía a saludarnos y a felicitarnos personalmente por lo bien que lo habíamos hecho… lo flipaba yo sola.

Desde entonces y 20 años después, cada vez que estoy de bajoncillo moral, cierro la puerta de mi cuarto, apago las luces y dejo sólo como iluminación el flexo de estudio, enciendo el equipo de música y me pongo el “Bad” (ya en cd) con el volumen más alto que se puede soportar, y no estoy para nadie. Mis padres y mi hermana ya saben que cuando berrea MJ por la casa, no se me puede molestar.

Por un rato me olvido de todo, sólo estoy yo con MJ. Cuando termina la última canción y guardo el cd en su carcasa, la coloco en la estantería y salgo de la habitación, mi ánimo ha cambiado y una sensación de bienestar y de energías renovadas me invaden de pies a cabeza. Soy feliz.

Hoy estoy un poco plof, así que he decidido apagar todas las luces, excepto el flexo, poner el equipo de música a todo volumen y bailotear delante del espejo. La canción elegida es la última del disco, “Smooth Criminal”, una de mis favoritas, por la energía que me transmite a los pies cada vez que la escucho, empujándome a bailar como en el vídeo, uno de los mejores, al más puro estilo gángster de los años 20, y aunque es un poco largo, (casi es un corto de 10 minutos), merece la pena, sobre todo el bailecillo después de ese “Annie, are you ok? wauuw!!”… aunque 20 años después, sigo sin lograr hacer ni uno de los pasos, y con la espina clavada de poder verlo en concierto… (y sabiendo que jamás ocurrirá, ay!).

Smooth Criminal, Michael Jackson
Nefer flipándola cuando está de bajón

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