>Vida social

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Si algo bueno está teniendo el curso de inglés que comencé el lunes (porque sí, a pesar del coñazo del dichosito curso que no me va a servir de mucho, éste tiene sus cosas buenas), es que me está ayudando a recuperar mi vida social.

Una de las razones por las que no quería hacer el curso, no era el que supiera que no me sería de mucho provecho, sino por evitar tener que integrarme en un grupo de desconocidos.

Y es que había perdido eso que llaman “habilidades sociales”, uséase, el relacionarse con la gente. Vale, lo reconozco, es verdad que soy un poco antisocial (y más desde que me encerré un año y medio a preparar oposiciones en el que el contacto con el mundo exterior ha sido muy escaso), y prefiero hablar por messenger antes que por teléfono, o enterarme de cosas buceando por la red que hablando con la vecina, pero es que padezco de “timiditis galopante” (aunque no lo parezca); vamos que una se corta más ante la gente que la leche en verano fuera del frigo, y no pregunto por no molestar.

Me acojonaba (con perdón) llegar a la clase, sin conocer a nadie, y que la seño me preguntara algo y montones de pares de ojos se clavaran en mí mientras yo intentara articular alguna palabra inteligible. Ya me veía colorada, con el corazón a cien, tartamudeando, y sentada en una esquina, aislada del mundo, sola con mis auriculares, mirando a todo el mundo de reojillo por encima de las gafas mientras los envidiaba por tener la capacidad de iniciar relaciones sociales entre ellos (mal pensaos, que pongo relaciones y ya creéis que voy a hablar de sexo). Y es que me cuesta mucho integrarme en un grupo ya hecho, ya que me siento una intrusa, como fuera de lugar. Y si algún desconocido se acerca para preguntarme algo, cualquier cuestión, lo que sea, activo mi mecanismo de defensa, me pongo en guardia, tenso mi cuerpo, constriño mi cara y contesto suscintamente lo que se me ha preguntado, dando la sensación de ser una gilipollas (con perdón) de mucho cuidao (nada más lejos de la realidad). Menos mal que estoy en un grupo de teatro, y tengo el morro de subirme a un escenario disfrazada de “muerte en patines” o de “limpiadora embarazada”, y luego soy incapaz de preguntarle la hora a nadie… si es que…

Por suerte para mí, he descubierto con gran alegría que mis temores eran infundados. Cuando llegué a la clase, descubrí que allí todos estaban igual que yo, sin conocer a nadie y tímidamente fuimos hablando unos con otros, rompiendo el hielo en aquella situación un tanto incómoda para todos; desde el primer momento me he sentido integrada en el grupo, acogida, me siento aceptada. Pero además, y esto es lo que más contenta me tiene, es que he sido capaz de superar mis miedos y complejos (acrecentados este último año por mi aspecto un tanto famélico y enfermizo que ha hecho que me encierre más en mí misma) y abrirme a la gente, hablar con ellos, poder opinar, comentar sin temor a hacer el ridículo, a quedar mal o a resultar una borde.

Y lo que es mejor, este curso me está obligando a madrugar (hábito que tenía muy, pero que muy abandonado, y he redescubierto que me encanta levantarme temprano y salir a la calle cuando los grillos todavía están cantando); está haciendo que recupere mi vida social, que me relacione con la gente, cruzarme por la calle con personas que conozco, hablar con ellas, que me toquen y yo tocar, sentir el calor de otras personas cerca de mí, mirar a los ojos a desconocidos y conocidos, y reencontrarme con amigos… vamos que me siento viva, como hacía mucho tiempo que no me sentía.

Lo mejor del día de hoy, por ejemplo, ha sido encontrarme con un antiguo profesor de la facultad (que me tenía loca, por cierto), y que al saludarlo me ha plantao un besazo en to los morros que me ha dejado las canillas temblando… lástima que sea gay.

Que siga el curso de inglés, aunque no aprenda mucho. Como dice Nuria, mi personaje de “Malsueño” al final de la obra: “porque bueno, esto nos ha servido para conocernos y… vida social, no lo llaman así?”… pues eso.

Nefer sociable.
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